Hace un tiempo, con tres amigas decidimos ir a visitar la otra reina del Plata: Montevideo. Elegimos tiempos de Carnaval.
Tanto Montevideo como Buenos Aires, las dos ciudades que abrazan al Río de la Plata, comparten su pasión por el mate y el tango. La ciudad uruguaya es apacible con su candombe, pero revolucionada en épocas de Carnaval. Con sus playas de río que parecen de mar.
Un viaje muy especial, ya que somos amigas desde la época de la Universidad. Siempre teníamos la fantasía de dejar por unos días a maridos, novios, hijos y obligaciones laborales para dedicarnos unos días sólo para nosotras, un tiempo para pensar en voz alta como lo permite la amistad, y así lo hicimos.
Tomando sol y aire, durante tres horas de barco con un auto guardado en la bodega, emprendimos nuestro ansiado viaje.
Desde hace 150 años los montevideanos festejan el Carnaval, celebración que despierta tanto fanatismo como el fútbol. Hay varios tipos de agrupaciones carnavalescas, pero la murga y el candombe son los más representativos.
Comienza a fines de enero y dura 40 días. En ese lapso los barrios tienen su fiesta noche tras noche y el concurso oficial puede verse en el Teatro de Verano, en el parque Rodó.
Hasta tienen un Museo del Carnaval. Fue inaugurado en 2006. Está junto al Mercado del Puerto, en la Ciudad Vieja. La idea es que quienes visiten la ciudad en cualquier época del año puedan conocer algo de esta tradición uruguaya. Sin olvidar sus tradicionales Llamadas que evocan el encuentro de los negros esclavos que se reunían fuera de la ciudad y tocaban sus tamboriles, en una especie de ancestral llamada a los pares que se unían al festejo.
Pero creo que un lugar que disfrutamos todas, muchísimo, fue nuestra charla, sentadas en el bar Roldós, en el corazón del Mercado del Puerto. Ese sitio es testigo de inolvidables festejos de fin de año y Navidad. También un espacio donde los estudiantes festejan haber cumplido sus metas. Forma parte de la larga lista de visitantes, aventureros, amantes, oficinistas y obreros del puerto, para degustar sándwiches de mariscos y, sobre todo, el famoso medio y medio, perfecta combinación de vino blanco seco y un cuarto de espumante. Todas dejamos la otra orilla con la sensación de que con sus diferencias y particularidades, cada reina del Plata tiene sus encantos.